lunes, 29 de noviembre de 2010

El Efecto Mariposa


"El efecto multiplicador de una pequeña causa"

El meteorólogo Edward Norton Lorenz, estudiaba el comportamiento de la atmósfera, tratando de hallar una fórmula que, partiendo de variables sencillas, permitiera realizar predicciones climáticas fidedignas. Tras varios intentos, consiguió enunciar una teoría que se basaba en tres variables -el tiempo, la velocidad y la temperatura del aire- y que permitía predicciones bastante fieles. Pero su sorpresa fue mayúscula cuando observó que mínimas diferencias en los datos iniciales originaban enormes cambios en las predicciones finales. Es decir, que la más mínima variación en las condiciones de partida ejercía gran variación sobre el resultado final. Para explicar este hallazgo, Lorenz utilizó un ejemplo: un meteorólogo, mediante cálculos muy precisos y partiendo de unas condiciones exactas, haría una predicción climática aparentemente perfecta. Pero podría equivocarse totalmente por el simple hecho de no haber tenido en cuenta el efecto del aleteo de una mariposa. Ese inofensivo aleteo inicial podría haber introducido perturbaciones que variaran totalmente la predicción.

James Gleick periodista científico en su best-seller "Caos: La creación de una ciencia", narra el desarrollo de esta Teoría y acerca el concepto del "efecto mariposa" al público en general.

Gleick dijo:
 “Si el aleteo de una mariposa perturba hoy el aire de Pekín, puede dentro de un mes provocar una tempestad en Nueva York”.

El ‘efecto mariposa’, podría definirse como que, la más mínima variación en un hecho inicial, a la larga, puede alterar por completo el desarrollo lógico de los acontecimientos.

Basándonos en esta teoría y aplicándola a nuestra vida cotidiana, podemos afirmar que pequeñas “acciones” u “omisiones” pueden originar grandes cambios (positivos o negativos) en nuestra vida.

Los pequeños cambios imperceptibles, si no son voluntarios, es decir que no nos damos cuenta de ellos, pueden hacernos desviar de nuestros objetivos y llegar a ocurrirnos como a la rana hervida.

Por otra parte los cambios radicales, de un día para otro, como querer adoptar una nueva personalidad, cambiar un hábito muy arraigado o dejar una adicción, generalmente están abocados al fracaso, ya que tras unos días, si el objetivo es difícil, la motivación baja y la tendencia es volver a la situación de origen.

Sin embargo, si introducimos inicialmente pequeñas modificaciones, practicamos y nos retroalimentamos de esta práctica, todo ello nos conducirá a consolidar el cambio y a seguir adelante con el proceso, llegando a obtener los resultados deseados.

Hay pequeños gestos que pueden dar resultados espectaculares en aras a mejorar facetas de nuestra vida: productividad, salud, finanzas, etc...

Ahí van unos ejemplos:
  • Si siempre llegas tarde. Implementa el hábito de "Levantarse media hora antes". Es asumible. Evitarás salir corriendo, sin afeitar, llegar sin aliento al trabajo. Podrás desayunar algo, quizás hasta ir a pie a la oficina, reducir tu ansiedad, hojear el periódico, llegar puntual. Los resultados serán espectaculares en: tu imagen, salud, información, valoración en tu empresa, todo por media hora de sueño. 
  • Si no consigues ahorrar nada. Establece "Un pequeño plan de ahorro". Por ejemplo: el cambio del café que tomas, deposítalo en una botella vacía de plástico de litro y medio. Te sorprenderás, que de este pequeño gesto mecánico, puedas pagarte unas vacaciones.  
  • Si no puedes evitar llenarte el plato, utiliza un "Plato de postre para comer". Tu salud e imagen se beneficiaran seguro. 
  • Implementar el uso de "Un sencillo método de productividad" u organización, la utilización de una agenda o de  un sistema de listas, multiplicará con creces tu eficacia y te liberará de estrés. 


No dudes en comentar en este blog otros “efectos mariposa” que se te ocurran.


Que tengáis un buen día.
Montse.


Fuentes: - ¿Que-es-el-efecto-mariposa? de Luís Martínez González
                -  Wikipedia ( ver enlaces en texto)


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jueves, 18 de noviembre de 2010

Etiquetando a personas y cosas




En un principio, quería exponer en este post solo los beneficios que aporta el hábito de etiquetar las cosas.

Con frecuencia no lo hacemos. Confiamos en nuestra memoria y recopilamos nuestros enseres, notas y objetos “ordenándolos” más bien metiéndolos, en cajas, carpetas, bolsas, sin distintivo que los identifique. Pensamos que siempre recordaremos que en aquella caja gris está la máquina de fotos y en aquella roja que subo a lo alto del armario, estará siempre esperándome mi camisa para el smoking. Si eres muy aficionado a la fotografía, seguro que abrirás esta caja gris muchas veces y será un gesto habitual hacerlo. Si vas a muchas fiestas de gala, subirás muchas veces al altillo de tu armario a coger la caja roja, quizás deberías ponerla en un sitio más a mano.

Pero si no haces fotos más que en vacaciones y hace un siglo que no asistes a una fiesta, difícilmente sabrás donde has metido tu cámara o tu camisa. Espero que seas precavido y empieces a buscar lo que precisas con tiempo, pues quizás tengas que abrir muchas cajas antes no des con lo que buscas. Yo he implementado este hábito desde hace un tiempo y complementado con el de "archivar en transparente", os aseguro que mi productividad y organización han mejorado mucho.

Mi sistema es el siguiente:

Estoy provista de etiquetas adhesivas de todos los tamaños y colores y cosa que guardo, cosa que etiqueto. Si guardo varias cosas en una caja, están detalladas en el exterior, si añado alguna la incluyo en la lista, si tiro algo lo tacho. Mismo sistema para dossiers y carpetas.

Mis mantas y rellenos están guardados en bolsas transparentes y la etiqueta indica a que medida de cama pertenecen.

Fotos, revistas, zapatos, jerséis, recuerdos, cintas, apuntes………….

Ya no tengo un aborigen de cables detrás del escritorio, pacientemente deshice los enredos y les he colgado a cada uno una etiqueta cerca del cabezal de enchufar.; ahora si tengo que desenchufar la impresora no me cargo antes el ADSL.

He visto que hay etiquetas para todo, para ropa, para pegar y despegar, fluorescentes para verse en la oscuridad y la última, una monada de etiqueta, muy integrada y de diseño que se pega al móvil, para incluir un teléfono para avisar en caso de emergencia, o pérdida.

También las etiquetas virtuales son de gran utilidad. En la web 2.0 la utilización de tags, facilita enormemente los criterios de búsqueda y clasificación.

Si coges el hábito, hasta vas a disfrutar colgándole etiquetas a todo. ¿O es que acaso no disfrutamos colgándoles etiquetas a las personas?

Las etiquetas son una manera fácil (aunque tremendamente superficial y generalmente poco objetiva) de clasificarnos. Cuando preguntamos sobre alguien, lo primero que recibiremos como respuesta será su etiqueta, en especial si quien habla de ese alguien lo conoce poco. Nos guiamos por ellas y juzgamos según ellas.

A menudo nos las cuelgan porque “una vez” tuvimos un comportamiento anecdótico .Nos enfadamos mucho, bebimos demasiado, etc) o por comportamientos intrascendentes que generan curiosidad y se extrapolan y generalizan a una determinada forma de ser. (es el maniático porque siempre encuentra un pelo en la sopa).

En muchos casos un solo acto desafortunado o afortunado es el responsable de que nos la hayan colgado.

Etiquetas instantáneas. Las etiquetas son mucho más fruto de las primeras impresiones que del conocimiento real de una persona. A menudo, solo con un primer contacto visual, y antes de que digamos nada, ya nos han colgado una etiqueta.

Según Daniel Goleman en su libro Inteligencia Social: "las regiones cerebrales que se ocupan del mundo interpersonal operan a gran velocidad, lo cual lleva a esbozar juicios sobre las personas en décimas de segundo. En el primer encuentro con alguien, estas áreas neuronales esbozan un juicio inicial a favor o en contra en cuestión de 500 milisegundos .A partir de ahí nuestra acción será diferente si la persona con la que estamos nos gusta o nos desagrada y si nuestros sentimientos cambian a lo largo de la interacción, el cerebro social se encarga de ajustar silenciosamente nuestras decisiones y en consecuencia, también nuestras acciones."

De ahí que se le dé tanta importancia a la primera impresión y la necesidad de no precipitarse en hacer juicios de valor sobre las personas. La ligereza en colocar etiquetas a la gente puede convertirse en perversa.


Para mejorar en productividad y en vuestras relaciones sociales cultivad el hábito de colgar etiquetas a todas las cosas y pensároslo dos veces antes de etiquetar a una persona.

Que tengáis un buen día.
Montse

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