martes, 24 de mayo de 2011

El pensamiento sistémico y la productividad personal


Para que nuestra vida “rule” con eficiencia nos interesamos en mejorar aspectos de nuestra productividad. Identificar puntos débiles y adoptar nuevas pautas de comportamiento, nos hará mejorar en determinados aspectos de nuestra vida. Adquirir hábitos productivos en nuestro trabajo o en nuestra vida personal es un paso adelante. Sin embargo si queremos ahondar más en el terreno de la productividad, haciendo que sea una cualidad intrínseca a nuestra forma de ser, entonces deberemos pensar en adoptar un sistema. Un sistema integral de productividad personal.

Si adquirimos hábitos productivos, pero sin conexión entre ellos, estamos optimizando algunas partes de nuestras tareas y actividades, pero no podemos aprovecharnos de la sinergia que emerge de un sistema organizado.

¿Por qué es difícil cambiar hábitos? ¡Por qué cuando dejamos de ejercer presión o esforzarnos, tendemos a volver a la posición inicial? En realidad los hábitos son parte de nuestro sistema de comportamientos. Aunque no nos gusten, están conectados a muchas otras partes de nuestra vida. No es el hábito o la conducta concreta lo que tiene mucha fuerza, la resistencia proviene de todos los demás hábitos y experiencias a los que está vinculado.

Para mejorar en productividad deberíamos utilizar el pensamiento sistémico, ya que nosotros mismos somos un sistema que vive en un mundo de sistemas. Nada puede ser tratado de forma aislada.

La productividad no es una senda recta y de una sola dirección. Toda acción tiene un efecto que se propaga a las demás partes y retroalimenta a la acción original modificándola en un paso siguiente.


Un poco de pensamiento sistémico:

Es un modo de pensamiento que contempla el todo y sus partes, así como las conexiones entre éstas. Es un medio de reconocer las relaciones que existen entre los sucesos y las partes que los protagonizan, permitiéndonos  comprenderlos mejor y  poder influir o interactuar con ellos.

Propiedades de un sistema:

1.-Un sistema funciona como un todo
Luego tiene propiedades distintas de las partes que lo componen por separado. Estas propiedades se llaman “emergentes”, pues emergen del sistema mientras está en acción. Si descomponemos un sistema, no encontraremos sus propiedades esenciales en ninguna de las partes resultantes. Las propiedades del agua no son deducibles de las propiedades del oxígeno y del hidrógeno. El arco iris solo se produce después de la lluvia, según la posición del sol y según la atmosfera, pero no nos lo da ninguno de estos elementos por separado.

2.-Todas las partes de un sistema están conectadas
Directa o indirectamente, de modo que al cambiar una parte el efecto se propaga de una forma u otra a las demás, llegando a afectar a la parte original. Entonces esta parte responde a esta nueva influencia, originándose un bucle de realimentación. Ejemplo si estás cargado de trabajo y con mucho estrés, difícilmente podrás concentrarte en tus proyectos, lo que te inducirá a errores y a tener que volver a repetir algunas tareas, con la consecuente mayor sobrecarga de trabajo. Por el contrario, cuando más aprendes más fácil te resulta aprender porque puedes establecer más conexiones con lo que ya sabes y así más ampliamos y profundizamos nuestros conocimientos

3.-Todas las acciones tienes efectos secundarios
Cuando se realiza una determinada acción, repercute en alguna otra parte del sistema, pudiendo potenciarla o perjudicarla. Ejemplo: Si el departamento de ventas inicia una campaña de promoción extra, este incremento de pedidos puede perjudicar seriamente a los procesos de fabricación. Lo que es un efecto secundario para ventas puede ser un efecto grave para fabrica.

4.-Los resultados no son proporcionales al esfuerzo.
Se puede conseguir un gran cambio a partir de un pequeño esfuerzo si se conoce el punto de palanca y a la inversa si no se conoce el sistema, se pueden hacer grandes esfuerzos sin obtener ningún resultado.

5.-Todo sistema funciona tan bien como su vínculo más débil
Una manera de cambiar un sistema consiste en cambiar su parte más débil. El lugar por donde podría romperse el sistema podría servir de punto de palanca para conseguir que el sistema funcione con mayor eficiencia. Ejemplo: La velocidad de un viaje depende de su trayecto más lento. Si existe un cruce siempre con atascos que nos produce demora y conseguimos una vía alternativa para saltarnos este tramo, conseguiremos un incremento de velocidad notorio. También un punto demasiado fuerte puede influir en el resto presionando las partes hasta romper el equilibrio. El exceso de cualquier cosa es perjudicial. Si hacemos que una parte del sistema sea muy rápida o muy eficiente es posible que el conjunto del sistema se vuelva menos eficiente.

6.-El tiempo cronológico
Los sistemas funcionan con círculos de causa y efecto, de modo que un efecto puede considerarse con el tiempo como una causa en otro elemento del círculo.

 
Generalmente pensamos linealmente, como si cada acción tuviera un solo efecto y en una sola dirección. Ver las cosas desde una perspectiva sistémica nos proporciona una mayor planificación y control.

Escoger un método de productividad es algo personal, hay sistemas como GTD que te dan mucha perspectiva a corto y largo plazo. GTD mediante listas por contextos permite descargar tu mente de estrés y al mismo tiempo te proporciona parámetros de control, como las revisiones periódicas para que vayas reajustando las desviaciones que se producen. Es el más amplio que conozco. Existen otros métodos como Autofocus y libros teóricos que te pueden ayudar. El escoger un sistema u otro dependerá de la complejidad de tus tareas y relaciones; puedes adaptar uno a tus necesidades y pulirlo a tu conveniencia, pero para que sea eficaz es importante que contemple todas las facetas de tu vida, sin excluir ningún contexto.


Que tengáis un buen día.
Montse
 
Fuente referencia: Introducción al Pensamiento Sistémico de Joseph O'Connor y Ian McDermott   Ed.Urano
 
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lunes, 16 de mayo de 2011

Siguiendo a un buen líder


El éxito de una empresa dependerá principalmente de cómo trabaje su gente.

Muchos líderes gestionan su equipo "controlando y mandando". Vigilan atentamente todo lo que sucede y toman la mayoría de decisiones importantes. Es la forma tradicional de dirección. No obstante actualmente es inadecuado y difícil mantener este estilo. Hoy las empresas necesitan ser dinámicas para ser competitivas y este dinamismo se consigue con una mejora continuada, delegación de tareas, formación de equipos y promoviendo la creatividad y la participación.

Es un cambio radical en el estilo de dirección y el líder más que nunca ha de conseguir que su equipo lo acepte y lo siga como tal.

El líder será aquel que sepa potenciar lo mejor de cada uno de los colaboradores, le ayude a desarrollar sus capacidades y muy especialmente consiga entusiasmarle con el proyecto u objetivo que se quiera alcanzar.

Hablar de motivar a los demás no es del todo correcto, porque siempre es uno mismo quien se motiva y decide si se pone o no se pone en acción y esto sucede cuando confluyen factores motivadores.

Por ello es mejor hablar de “crear un clima motivador”.

¿Cómo se logra crear este clima? ¿Qué cualidades debe tener un buen líder? ¿Cómo consigue que le sigan?

Actualmente para las organizaciones, el factor más importante para conseguir ser competitivas es su gente, su motivación y compromiso con la empresa. La falta de motivación o el descontento incidirán negativamente en la forma de tratar a los clientes y en la obtención de resultados mediocres.


Algunas cualidades del buen líder:


1.- Ser un modelo a imitar
La gente presta más atención a lo que alguien hace, que a lo que ese alguien le dice que haga. Los directivos tienen que practicar en su comportamiento diario lo que predican. Ser un modelo implica que la manera de hacer de uno tiene una enorme influencia en la manera de hacer de los demás. Por tanto esta característica abarca todas las cualidades que debe poseer un líder.

2.-Conocerse a sí mismo
Ha de reconocer sus debilidades para intentar paliarlas y potenciar sus puntos fuertes. No puede dirigir eficazmente a los demás si no ha aprendido a dirigirse y controlarse a sí mismo.

3.-Ser aprendiz
Estar abiertos siempre a aprender y desarrollarse. Muchos líderes creen que deben fingir que lo saben todo para no perder prestigio. Precisamente ésta es una parte esencial del modelo que predican, la apertura a nuevos sistemas, la innovación y la creatividad son la base para el desarrollo de cualquier organización actual y los líderes son los primeros que deberán apuntarse a “aprender” continuadamente.

4.- Disposición a los cambios
El líder eficaz trabaja inmerso en el cambio en vez de resistirse a él. Quizás el cambio será la única constante en el futuro y el líder debe aceptar como un reto el trabajar en continuo avance y aprendizaje.

5.-Tener visión
El buen líder tiene una visión clara de lo que puede y quiere conseguir la organización y la transmite. No se trata de mejoras incrementales sino de saltos hacia adelante en la práctica, los procesos y las posibilidades. Necesita para ello emplear la lógica, la imaginación y la inspiración. Los buenos líderes tienen ideales para el futuro; estos ideales ayudan a desarrollar una dinámica de progreso y mejora hacia el objetivo.

6.-Ser consciente de la realidad presente
Para dirigirse hacia el ideal se ha de tener muy claro dónde se está situado en el presente. Reconocer los puntos débiles de un proceso, las dificultades y los medios de que se dispone, han de servir para producir un desarrollo activo. La tensión que se genera y que redefiniremos como la energía que nos impulsa fuera de la “zona de confort” hacia una zona desconocida para lograr hacer realidad la visión, se llama “Tensión creativa”, definida así por Peter Senge. En ningún caso es provechoso considerar esta tensión como un motivo para rebajar los objetivos, pues esto llevaría a una regresión en lugar de un progreso.

7.-Tener una escala de valores
Rasgos como la “integridad” y la “ética” son valores que el grupo percibe como muy importantes a la hora de considerar a un líder.

8.-Utilizar el pensamiento sistémico
El pensamiento sistémico implica ser consciente de cómo funcionan los procesos y separar las causas de los síntomas. Deming decía que los problemas laborales eran debidos a los sistemas, no a la gente. Según Senge: La característica que define a un sistema es que no puede ser entendida como una función de sus componentes aislados. El comportamiento del sistema no depende de lo que cada parte está haciendo, sino de la manera en que cada parte se relaciona con el resto. Con este enfoque se logra estudiar el sistema de organización en si mismo, aparte de las personas que lo constituyen y permite obtener una perspectiva a más largo plazo.

9.-Ser buen comunicador
Ser capaz de transmitir clara y congruentemente un mensaje. Expresarse de forma nítida y sencilla, de forma que los demás puedan comprender que se les dice y que se espera de ellos.

10.-Pensar positivamente
Ver las posibilidades, afrontar los problemas como retos, tener una visión positiva de las cosas y buen sentido del humor ayudan a mantenerse centrado en los objetivos, a pesar de las dificultades.

11.-Ser entusiasta
Es una cualidad contagiosa que atrae a los demás y ayuda a soportar situaciones complicadas y a seguir confiando en lograr el éxito en lo propuesto.

12.-Ser inteligente
En realidad las anteriores cualidades pueden ser trabajadas y desarrolladas, son habilidades que todo líder debe intentar implementar para ser eficaz, pero ésta última se refiere a ser jefe de personas. Ahí es dónde juega su papel la Inteligencia Emocional; la capacidad de comprender a los demás; saber qué los motiva, cómo operan, cómo relacionarse adecuadamente con el grupo, reconocer y reaccionar ante el humor, el temperamento y las emociones de los otros, es el catalizador que propicia sacar lo mejor de cada miembro del equipo e impulsarle a la acción.

Que tengáis un buen día.
Montse



Fuente referencia: Marcando las Diferencias de Di Kamp (Edit. Gestión 2000)



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